El mundo rural, el nuevo refugio.

En las últimas décadas se ha disparado el proceso de movimientos de población del campo a la ciudad principalmente en los nuevos países emergentes (en la actualidad hay más de medio millar de ciudades con más de un millón de habitantes en el planeta y va en aumento), donde se les promete grandes problemas derivados de estos movimientos. La arquitectura hace tiempo que giró la cabeza hacia estos procesos -no son pocas las publicaciones sobre aumentos demográficos y citys de las manos de los más reputados pensadores del gremio- y es parece una obviedad que en un futuro cada vez más próximo el gran campo de batalla va a ser la gran ciudad.

Por otro lado está la contrapartida de estos procesos migratorios que son los efectos producidos sobre el medio rural que desde la revolución industrial han ido despoblando progresivamente el campo tanto por la inicial llamada de mano de obra de la industria desde las ciudades, como por la transformación de la forma de producción agrícola durante el siglo XX.

Estos procesos en el mundo rural no han acaparado la misma atención que el problema de la ciudad. Lo que ha pasado en el campo parece no haber tenido la suficiente relevancia mediática como para atraer a los grandes teóricos del siglo pasado pero hay indicios de que las cosas pueden empezar a cambiar antes de lo que nos imaginamos. Parece que está empezando a aparecer una nueva preocupación por lo que le pasa a estos sitios “abandonados”, puede que sea por el despertar de una conciencia ecológica, puede que sea porque la vida globalizada de la ciudad nos lanza a buscar nuestras raíces como alimento para el alma, a buscar lo auténtico, o puede que sea porque ya era inevitable. Mientras en los nuevos países emergentes se construyen ciudades más rápido de lo que algunos de nosotros podemos tardar en construir una vivienda, en los “antiguos” países emergentes se empiezan a notar movimientos en sentido contrario. Quien conozca entornos que nos suenan a “rural” como La Alpujarra o los Pueblos Blancos, sabe que hay una figura ya típica que es el “guiri” que se estableció en el pueblo buscando un buen sitio para jubilarse y aunque esto parezca anecdótico no lo es tanto. Hay muchas zonas rurales en las que estadísticamente está aumentando la población de extranjeros censados año a año. Esto también puede resultar cuantitativamente poco relevante pero es significativo en el sentido que han sido los pioneros en recuperación de espacios abandonados, arquitecturas vernáculas, pueblos fantasmas… y a lo que se les están sumado progresivamente otros movimientos como los emigrantes españoles que una vez jubilados vuelven a sus pueblos, o los jubilados que no pudieron asumir nunca al compra de una vivienda en la ciudad y vuelven a  sus lugares de origen adquiriendo una vivienda más económica o recuperando el patrimonio familiar.

Sigue pareciendo que estos grupos no crean un flujo suficiente como para prestar mucha atención, pero hay que sumar otros tipos de fenómenos como el producido por la mejora de las infraestructuras, que permiten cada vez más no vivir en la misma ciudad donde se trabaja o los efectos de la revolución de la información, que posibilita directamente trabajar desde casa. Esto, como dice Elena Sarraceno, ofrece una alternativa muy atractiva para “familias que buscan un medio ambiente menos comprometido, vida menos costosa, con mejor cohesión social, más segura…”, poder vivir en contacto con la naturaleza, en un ambiente de confianza, de puertas abiertas y a un precio mucho más asequible que en la ciudad. Pinta bien, ¿verdad? A nosotros, al menos, nos lo parece.

Y es que es ya una evidencia que hay una cierta tendencia de repoblación de ciertas zonas rurales y parece que va a ir en aumento, sobre todo por la situación económica en la que nos encontramos. Lo indica bien Nanín en su blog: “Ante la  previsible quiebra del capitalismo global a la que conducirá la actual crisis del sistema financiero –lo que sucederá a buen seguro en el margen de las dos próximas décadas en simultaneidad con el declive energético y el consiguiente colapso del sistema productivo industrial-, las grandes aglomeraciones urbanas serán las más afectadas y, como siempre ha ocurrido en los periodos de grandes crisis económicas, los territorios rurales volverán a estar mejor preparados para la resistencia frente a sus devastadores efectos económicos y sociales”.

Obviamente, estos procesos de los que hablamos son muy complejos. Ya se han podido observar riesgos potenciales en algunas experiencias de desarrollo de núcleos rurales, sobretodo a nivel social y cultural como los que citan Canoves, Villarino y Herrera en su libro Políticas Públicas, Turismo Rural y sostenibilidad, difícil equilibrio. Principalmente son desintegración de comunidades cohesionadas, perdida de identidad o conflictos sociales causados el los cambios en la composición de los grupos sociales y gentrificación.

Estos procesos implican diversos campos de investigación en los que habrá que andar y esperemos se anden rápido porque pueden volverse muy destructivos respecto al paisaje cultural del mundo rural. Ya nos avisaban José Fariñás y Ergosfera en sus respectivos blogs, de que “el mundo rural ha desaparecido sin dejar rastro” y es que los núcleos rurales, o han sido alcanzados por los brazos dispersos de las ciudades o han quedado musealizados y teatralizados por las presiones del turismo, el gran negocio de la era global.

Queda mucho por hacer. Esperemos que queden restos de culturas locales sobrevivientes debajo de los rescoldos y que las políticas apropiadas de gestión no lleguen demasiado tarde al medio rural.

 

*fotografía: Banat Woman

 

2G N.60 Lacaton & Vassal Obra reciente

La editorial Gustavo Gili ha sacado un nuevo volumen de la revista 2G dedicado a la obra de Lacaton & Vassal como continuación  del volumen publicado en el 2001, junto con el cual nos proporciona una vista panorámica de la trayectoria de estos arquitectos que hoy creemos necesario prestar atención por las dosis de sensatez y coherencia que ha ido marcando su actividad, demarcándose en cierta medida de las tendencias megalómanas de algunos colegas de profesión con mayor y menor nombre que ellos (no muchos habrían “rechazado” el encargo del Ayuntamiento de Burdeos para reformar una Plaza Léon Aucoc argumentando que realmente no era necesario hacer nada, que estaba bien como estaba).

Desde sus inicios han tenido una preocupación evidente en sus proyectos por la economía del “cash” y por la economía del “medioambiente” y tanto una como otra son aspectos inevitables en nuestra profesión, hoy más que nunca (que no es que antes no lo fueran). En esta línea, una de sus últimas actuaciones a destacar es la recuperación del bloque de viviendas de los años ´70 en Saint-Nazaire, en un principio destinado por las autoridades a demolerse.

Bueno, paramos aquí porque lo que hay que hacer es pedir el volumen o solicitarlo en tu biblioteca habitual. Solo terminar con una frase de Anne que nos encanta y que creemos que resume muy bien la forma de trabajar de Lacaton & Vassal:

 

“Creo que la arquitectura debería estar hecha de todos los elementos que contribuyen a conferir placer: ver el cielo, dejar que entre el sol, tener una vista… No es tan difícil de hacer”.